Juan 20:19-29
Después de la resurrección, cuando Jesús apareció a sus discípulos, Tomás no estaba presente. Más tarde, cuando los discípulos le contaron que habían visto al Señor, él dijo que no creería a menos que viera y tocara las heridas en el cuerpo de Jesús. Una semana más tarde, Jesús invitó a Tomás a poner su dedo dentro de sus manos y el costado, urgiéndolo a creer.
Jesús no se molestó por su duda. En vez de ello, la invitación de Jesús dió a Tomás la prueba que necesitaba. Jesús entendió que el sólo quería convencerse; no iba a creer algo que no había visto, especialmente tratándose de algo tan importante como la resurrección. Jesús conocia la necesidad humana de Tomás de tener pruebas.
Es fácil olvidar las etapas de preguntas y dudas por las que pasamos en nuestro peregrinar de fe. De modo que al compartir el evangelio con otras personas, debemos recordar nuestras propias dudas y mostrarles una actitud de comprensión. Esto permitirá a la gente examinar sus dudas y preguntas. Al hacer esto, nuestras vidas pueden llegar a ser ventanas por las cuales otras personas puedan ver la verdad de Cristo.
Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en Ti persevera, porque en Ti ha confiado.
Nuestro Señor, fortalece nuestra fe para que ayudemos a otras personas a pasar de la duda a la fe.
Las dudas pueden llevarnos a un encuentro mas profundo con Cristo.
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